Hora en Monterrey

domingo, 22 de mayo de 2011

POEMAS Y REFLEXIONES

Estos poemas los he encontrado en internet su autor esta en forma anónima, espero que sea de su agrado.


Sentir,
sentir que tu mano es mi caricia,
sentir que tu sueño es mi deseo,
sentir que tu mirada es mi descanso,
sentir que tu nombre es mi canción,
sentir que tu boca es mi refugio,
sentir que tu alma es mi regalo.
Sentir que existes...
sentir que vivo para amarte.


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VUELVE A EMPEZAR

Aunque sientas el cansancio;
aunque el triunfo te abandone;
aunque un error te lastime;
aunque un negocio se quiebre;
aunque una traición te hiera;
aunque una ilusión se apague;
aunque el dolor queme los ojos;
aunque ignoren tus esfuerzos;
aunque la ingratitud sea la paga;
aunque la incomprensión corte tu risa;
aunque todo parezca nada;
¡VUELVE A EMPEZAR!


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Aprovecha al máximo cada hora, cada día y cada época de la vida
Así podrás mirar al futuro con confianza y al pasado sin tristeza
Sé tú mismo
Pero sé lo mejor de ti mismo
Ten valor para ser diferente y seguir tú propia estrella
Y no tengas miedo de ser feliz
Goza de lo bello
Ama con toda el alma y el corazón
Cree que aman, aquellas personas que tú amas
Olvídate de lo que hayas hecho por tus amigos y recuerda, lo que ellos han hecho por ti
No repares en lo que el mundo te debe y fíjate en lo que le debes al mundo
Cuando te enfrentes a una decisión, tómala tan sabiamente como te sea posible
Luego olvídala
El momento de la certeza absoluta nunca llega
Sobre todo recuerda, que Dios, ayuda a quienes se ayudan a sí mismos
Actúa como si todo dependiera de ti, y reza como si todo dependiera de Dios
Vive cada día a plenitud.

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Había una vez un campesino chino,
pobre pero sabio,
que trabajaba la tierra duramente con su hijo.

Un día el hijo le dijo:
-¡Padre, qué desgracia! Se nos ha ido el caballo.
-¿Por qué le llamas desgracia? -respondió el padre.
Veremos lo que trae el tiempo...
A los pocos días el caballo regresó,
acompañado de otro caballo.

-¡Padre, qué suerte! - exclamó esta vez el muchacho.
Nuestro caballo ha traído otro caballo.
-Por qué le llamas suerte? - repuso el padre.
Veamos qué nos trae el tiempo.

En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar
el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete,
se encabritó y lo arrojó al suelo.
El muchacho se quebró una pierna.
-¡Padre, que desgracia! - exclamó ahora el muchacho.
¡Me he quebrado la pierna!
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
-¿Por qué le llamas desgracia?
Veamos lo que trae el tiempo!
El muchacho no se convencía de la respuesta 
sino que gimoteaba en su cama.

Pocos días después pasaron por la aldea
los enviados del rey, buscando jóvenes
para llevárselos a la guerra. 

Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven
con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar
ni la desgracia ni la fortuna como absolutas,
sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo,
para ver si algo es malo o bueno.

La moraleja de este antiguo consejo chino es que
"la vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo,
que lo malo se hace bueno, y lo bueno malo.
Lo mejor es esperar siempre el día de mañana.

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ara algunos, mentir se ha convertido en un estilo de vida.
Sin advertirlo, han creado una red tan compleja de información falsa, que ya no saben como escapar del enredo y hallar la verdad.
Es probable que la mentira produzca cierta fascinación en los niños.
Además de aprender a evitar los regaños, pueden construir un mundo fantástico a su tamaño y engatusar a los demás.
Y de allí puede surgir un inocente "jugar a engañar" que, al ver las ganancias potenciales, se convierte en hábito.
Con la mentira podemos llamar la atención y producir admiración.
Poder ficticio, pero poder al fin.
Los mentirosos sostienen que aunque el deslumbramiento no es legítimo, de todas maneras lo disfrutan bastante.
Su posición es clara e implacable: la mentira como un instrumento para obtener ganancias secundarias.
También mentimos para huir de las obligaciones asumidas.
Podemos enfermarnos, o inventar una calamidad doméstica o hallar un chivo expiatorio en nuestra imaginación.
Otra vez el provecho, a través de una falsificación que no siempre es delito y que produce alivio.
A veces, pareciera no existir antídoto contra esta tentación.
¿Quién no ha mentido alguna vez? Aunque se trate de mentiras piadosas (justificadas en la intención de no producir un daño innecesario), ¿Quién tira la primera piedra?
Las mentiras frecuentes pueden originar, al menos, dos problemas de consideración.
El primero, cuando se vuelve costumbre y se repite mecánica y sistemáticamente, sin mucho sentido: embaucar por embaucar.
Ya ni sabemos por qué lo hacemos.: mentirosos crónicos, megalomanía comportamental pura.
Y el segundo, cuando llegamos a creernos el cuento y a confundir verdad con embeleco.
Adoptamos una forma de autoengaño donde la existencia real y fantaseada se entremezcla peligrosamente.
No sólo terminamos siendo víctimas de nuestro propio invento, sino que además somos víctimas felices.
Esta farsa continua y autodirigida, obra como una píldora de "éxtasis", una megalomanía existencial que nos hace sentir, irracionalmente, más ligeros del equipaje.
¿Qué pasaría si desde hoy, sin excusas ni amagues, decidiéramos mostrarnos como en verdad somos y asumiéramos el riesgo de hacernos públicamente responsables de nuestras acciones, pensamientos y afectos?
¿Generaríamos tanto rechazo como creemos?
Dejar de mentir es un alivio.
Sin máscaras, el rostro se ve mejor, más relajado.
Ya dejaremos de vernos tan perfectos comos hemos querido aparentar, pero al menos auténticos.
Deben ser muy pocos los que nunca han mentido, si los hay.
De todos modos, puedes al menos ser veraz sobre los rasgos que te definen en esencia, y que no podrás disimular o enmascarar, sin sentirte traidor de tus propias causas.



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